Antonio Trujillo González
Alberto Martín González
Octavio R. Yánez Ortega
Nauzet López Hernández
Un puente (lo mismo que una pasarela) simboliza siempre, antes que cualquier otra cosa, la voluntad de unir dos hechos distintos. En otras palabras, mundos ajenos hasta entonces y que por alguna razón, ahora necesitan entenderse.
Por eso un puente (también una pasarela), no puede desprenderse de su carácter icónico de SEÑAL. Siempre para bien o para mal tendrá que asumir su papel de pertenecer al grupo, donde se encuentran las primeras REPRESENTACIÓNES que le otorgan el orden al complejo urbano.
Cuando no se conocía la combinación de los modernos materiales para atender a los esfuerzos de flexión, el arco con solo tensiones de compresión venía a resolver el vano a salvar en el obligado salto entre orillas. Hoy, la ligereza del acero es capaz de asumir, con la mejor eficacia de material, las tracciones entre apoyos, al tiempo que subraya su elegancia, a través de la descarnada sinceridad de su comportamiento estructural.
La viga en celosía de gran canto (empotrada-apoyada), garantiza la estabilidad del conjunto entre soportes. La entrega al terreno de esta pieza, proponemos hacerla para que descanse sobre la elevación, el pliegue y el tallado que se práctica en ambos márgenes, al plano del suelo.
La envolvente interior con la malla flotante de acero, refuerza la seguridad a los usuarios, resalta la nitidez de las barras de la estructura principal y ayuda a la continuidad y al monolitismo en la estática de la misma, además filtra la luz solar produciendo un confort termal en los instantes más cálidos. El control de accesos previsto, forma parte del mismo sistema independiente que construye la mencionada malla. Las barandillas y otras protecciones, siguiendo el criterio establecido de atender a su propia identificación, discurren en respuesta a su principal funcionalidad, ajena y sin atender a las otras geometrías próximas.
Así mismo, las luminarias que desprenden y proyectan luz artificial, remarcan la sinceridad gestual para dar respuesta a la necesidad sensata de mirar y ser observado, acentuando el tamizado que nos ofrece el elemento malla al percibir su figura en forma de negativo sobre los sólidos que encuentra a su paso. Todo esto para producir al crepúsculo una imagen elegante y simple, afinando los acordes lumínicos que se disponen en el entorno erigiendo nuestra presencia sin desentonar.



